LA TEORÍA DE LA INTEGRACIÓN SENSORIAL

 

 

La Teoría de Integración Sensorial fue creada y desarrollada en los años 60 por Jean Ayres, Terapeuta Ocupacional estadounidense y Doctora en Neurofisiología. Sus primeros estudios relacionan los problemas de aprendizaje que presentaban los niños con dificultades en el procesamiento sensorial. Esta metodología clínica, que cuenta con cerca de 60 años de experiencia, sigue en continua revisión e investigación.

Podemos definir la integración sensorial como el proceso neurológico por el que nuestro Sistema Nervioso Central (SNC) organiza la información que le llega a través de los sentidos (del propio cuerpo y del entorno), y con ella elaborara respuestas adaptadas a las diferentes demandas de nuestro día a día.

Tenemos que recibir, organizar y dar significado a toda la información que nos llega de los diferentes sistemas sensoriales para realizar tareas básicas y complejas. Para organizar los movimientos necesarios para cualquier actividad, necesitamos una información precisa de todo nuestro cuerpo, del entorno en el que nos movemos y de los objetos con los que vamos a interactuar.

“El producto final de la integración sensorial es la conducta humana”

La intensidad con la percibimos la información sensorial es importante para generar estas respuestas ajustadas a cada situación. Si algo lo percibimos o interpretamos como molesto y desagradable, lo evitaremos y puede que nuestras conductas sean desajustadas.

La integración adecuada de las diferentes sensaciones es básica para mantenernos regulados,   con un nivel de alerta óptimo que nos permita participar de forma adecuada en las diferentes tareas y entornos.

SISTEMAS SENSORIALES

Siempre nos han dicho que tenemos cinco sentidos: la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto. Pues bien, además de estos, tenemos otros tres, no tan popularmente conocidos: Sistema vestibular, propioceptivo e interoceptivo.

Desde la perspectiva de la integración sensorial nos focalizamos en los sistemas sensoriales centrados en el cuerpo, que son la base principal de nuestro desarrollo. Estos son los sistemas vestibular, táctil y propioceptivo.

Sistema Vestibular: Es como nuestro GPS. Proporciona a nuestro SNC la información de nuestros movimientos en el espacio (movimientos en diferentes direcciones) y percibe la fuerza de la gravedad. Procesar adecuadamente la información vestibular es fuente de seguridad y base del desarrollo y maduración de muchos aspectos que tienen que ver con el desarrollo de nuestras habilidades motoras.

Las principales son las que tienen que ver con los ajustes de la postura, el equilibrio, la coordinación, los movimientos de los ojos, la secuencia, interiorizar las relaciones espaciales. Además, está en relación con el tono postural y el nivel de alerta.

El desarrollo de todos estos aspectos, permitirá al niño alcanzar, desde hitos psicomotores básicos (como sostener la cabeza, voltear, gatear o ponerse de pie) hasta realizar, más adelante, tareas más complejas como mantearse atento sentado en el aula y hacer los movimientos visuales necesarios para copiar de la pizarra.

El sistema propioceptivo: Nuestro SNC recibe la información que procede de nuestros músculos articulaciones, ligamientos y tendones. Así sabemos dónde están en todo momento las diferentes partes de nuestro cuerpo y cómo las movemos; podemos graduar la fuerza para manejar los objetos y nos da una conciencia corporal que nos permitirá planificar nuestros movimientos para las diferentes tareas.

Sistema táctil: Tocar y ser tocado, especialmente al inicio de la vida es una de las bases más importantes del desarrollo emocional, del vínculo y del apego seguro. Además, a través de nuestra piel, conocemos los límites de nuestro cuerpo, lo que proporciona una buena base a nuestro esquema corporal. Un buen procesamiento de la información táctil es fundamental para aprender a manejar objetos y es básico además, para algo tan fundamental como la alimentación.

 

Disfunción del procesamiento sensorial:

Sabemos que un procesamiento sensorial atípico impacta en el desarrollo y el desempeño de las actividades de la vida diaria del niño. La disfunción del procesamiento sensorial, en gran parte de los casos, es la base de problemas de coordinación motriz, de conducta,  de aprendizaje, de alimentación, de relación…

Estas dificultades pueden manifestarse de formas variadas, todas ellas influyen en el nivel de alerta del niño, su nivel de actividad y su conducta, así como el desarrollo de sus habilidades de praxis.

En muchos niños, hay una tendencia a emitir una respuesta pobre ante los estímulos que se le presentan. Muchos de estos niños son menos activos, se muestran torpes y les cuesta organizar su motridad global o su moticidad fina.

Otros niños, también tienen una pobre percepción de su cuerpo pero, por el contrario, buscan ese input sensorial que les falta. Estas conductas motoras a veces entorpecen su participación en el aula y otros ambientes y pueden ser mal entendidas. Son niños que les gusta saltar, tirarse al suelo, chocar.. son muy movidos pero no muy habilidosos ni organizados.

Algunos niños reaccionan en exceso a estos mismos estímulos. Los reciben con mayor intensidad y sus respuestas son de evitación y rechazo. No les gusta que les toquen o jugar en el parque con muchos niños, les dan miedo los columpios…

 

PRAXIS

Ayres (1979), define la praxis como “la habilidad para conceptualizar, planificar y ejecutar acciones motrices no habituales”.

Muchas de las tareas que realizamos en nuestro día a día, las tenemos ya automatizadas, pero el manejo de nuestro cuerpo ante nuevos desafíos, o el manejo de herramientas y materiales, pueden requerir un plan motor nuevo que debe salir con facilidad, con los movimientos precisos y con la fuerza exacta.

Imaginemos que por primera vez, doblamos una carta para meterla en un sobre, jugamos con una peonza, saltamos a la comba, escribimos una letra…; La organización de los movimientos necesarios debe salir de forma espontánea y fácil, y tras unas pocas experiencias, seremos capaces de hacerlo perfectamente.

Pensando en este tipo de tareas, es fácil entender porque las habilidades de praxis precisan de una adecuada percepción sensorial. Tenemos que sentir ese papel con los dedos para poder manejarlo y ajustar los movimientos necesarios con precisión, para saltar a la comba debemos calcular exactamente en qué momento saltar, con cuanta fuerza, cuán alto y con qué ritmo. Para escribir una letra debemos saber en que dirección hacer el trazo, calcular el tamaño de las líneas y graduar la fuerza, si nos pasamos, podremos romper el papel..

Todas las tareas de praxis tienen varios pasos:

Ideación: generamos la idea de qué hacer, cómo usar un objeto, cómo resolver un problema…

Planificación: después elaboramos un plan motor; organizamos, secuenciamos los pasos y movimientos necesarios.

Ejecución: Somos capaces de realizar la serie de movimientos.

Las dificultades en la praxis pueden manifestarse de múltiples formas, por ejemplo:
  • Juegos poco elaborados y desorganizados.
  • Respuestas lentas/inadaptadas ante cambios imprevistos.
  • “Torpeza” motora.
  • Problemas a la hora de seguir acciones de varios pasos (el niño puede “perderse” en la mitad de la tarea, no la completa, se le olvida qué paso viene después…).
  • Necesidad de muchos intentos ante el aprendizaje de tareas nuevas.
Dispraxia

Cuando nos encontramos con este perfil, observamos que a los niños y niñas les es realmente muy complicado desenvolverse con soltura en todas sus actividades de la vida diaria. Se encuentran afectados alguno, o los tres componentes nombrados anteriormente, por lo que la elaboración de cualquier tipo de acción, desde su inicio hasta su fin, se ve muy limitada. Les puede suponer un problema manejarse en el suelo, gatear, usar juguetes, lavarse las manos, vestirse, abrocharse, usar los cubiertos, resolver problemas, tareas grafomotrices, uso de tijeras y útiles escolares o participar en juegos de grupo o deportes.