NUESTRO TRABAJO

Acompañamos a niños de 0 a 15 años para ayudarles a conseguir el equilibrio en las diferentes áreas de su vida. Nuestra visión holística del niño atiende las diferentes dificultades que presenta en las tareas de su día a día, tenga o no un diagnóstico específico.

Los pilares de nuestra intervención se apoyan en las neurociencias, trabajamos principalmente desde el enfoque ASI® (Integración Sensorial Ayres), y también desde enfoques como el neurodesarrollo y la psicomotricidad. Nuestra visión integral del proceso atiende tanto el ámbito sensorimotor y emocional, como el acompañamiento a la familia, para ayudar al niño a alcanzar un desarrollo pleno.

El centro de nuestra intervención es el niño, sus motivaciones e ideas de juego. El deseo e interés interno del niño es el vehículo más directo y eficaz para la integración de aprendizajes y la maduración de su sistema nervioso central (SNC), además de generar placer, disfrute y reforzar su autoestima y sentimiento de autocompetencia.

Consultadnos si vuestro hijo/a tiene problemas en...

Alimentación.

Control de esfínteres.

Regulación del sueño.

Vestido.

Higiene personal.

Saber a qué y cómo jugar.

Repite siempre los mismos juegos.

No sabe enfrentar juegos que requieren un plan motor nuevo.

Participar en juegos grupales.

Sus juegos son poco elaborados y desorganizados.

Habilidades manipulativas/motricidad fina.

Grafomotricidad.

Lectoescritura.

Aprendizaje.

Atención.

Planificación y organización de las tareas.

Actividades que requieren coordinación.

Equilibrio, tropieza o se cae fácilmente.

Torpeza motora.

Lateralidad no bien definida.

Movimientos poco fluidos.

Rechazo a texturas (alimentos, ropa, etc.).

No le gusta nada mancharse, que les corten las uñas, el pelo…

No tolera los cambios de postura, no le gustan los columpios, se marea fácilmente.

Está continuamente en movimiento, muchas veces es desorganizado.

Busca actividades de mucha intensidad (saltar, chocarse, arrastrar, empujar…).

Controla poco su fuerza, rompe cosas.

Le gusta dar vueltas sobre sí mismo, rodar por el suelo, se pone cabeza-abajo…

Se tapa los oídos ante ruidos que no deberían molestar.

Le cuesta imitar acciones.

Problemas a la hora de seguir acciones de varios pasos (el niño puede “perderse” en la mitad de la tarea, no la completa, se le olvida qué paso viene después…).

Necesidad de muchos intentos ante el aprendizaje de nuevas actividades.

Parece no saber cómo coger las cosas o utilizar los objetos.

Respuestas lentas/inadaptadas ante cambios imprevistos.

Nivel de alerta bajo, lentitud, apatía.

Muy excitable y nervioso.

Se frustra y enfada con facilidad.

Escasa motivación.

Problemas de conducta.